Mis galletas de navidad decoraron nuestro árbol por primera vez. Su colorido y aroma de vainilla me alegraron las fiestas. Cada vez que entraba al salón desviaba la mirada hacia el árbol y allí estaban, recordandome lo que disfruté haciendolas. Debían estar ricas, porque nuestra mascota, el conejo Mushu, se escapó de su casa una noche y un hombrecito de galleta apareció sin las dos piernas.








Una delicadeza de trabajos, muy creativos y una simpática historia
ResponderEliminarSon preciosas! Más de uno le pegaría un bocado navideño mmhh!
ResponderEliminaruna idea muy original
ResponderEliminary además no hay que guardar las bolas de un año para otro. se ahorra espacio!!
ResponderEliminarson muy bonitas