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Esta receta quiere ser un homenaje a las mujeres que como mi suegra, una excelente cocinera, con poco más que unas varillas y sin amasadoras de última generación, han sabido poner en su mesa familiar los más deliciosos platos hechos con todo el cariño. Los hijos y nietos guardan en su memoria y paladar estos platos con los que han crecido como la mejor de las herencias... Ese solomillo de la abuela, su tarta de Santiago, la tarta de manzana y compota, los huevos rellenos, la empanada, la tarta de chocolate...
Hoy he querido sorprender a mi marido con unas natillas caseras similares a las que disfrutaba de pequeño con sus hermanos...
¿A quién no le gusta de vez en cuando volver a los sabores de la infancia?
INGREDIENTES:
1 litro de leche, 1 palito de canela, chorrito de vainilla, 8 cucharadas soperas de azúcar, 8 yemas de huevo, 2 cucharadas soperas de Maicena.
Para decorar: 3 claras de huevo, pizca de sal, 40 g. de azúcar glas y canela para espolvorear.
ELABORACIÓN:
1- Ponemos la leche en un cazo con el palito de canela y calentamos.
2- En un cuenco mezclamos las yemas con el azúcar, la Maicena y un chorrito de vainilla líquida.
3- En cuanto la leche esté calentita, añadimos la mezcla del cuenco y removemos sin parar con unas varillas, a fuego medio, hasta que veamos que la leche espesa.
4- Retiramos del fuego y vertemos las natillas en cuencos o copas. Dejamos templar.
5- Metemos al frigorífico al menos un par de horas.
6- Montamos las claras a punto de nieve con un pellizco de sal y cuando estén casi montadas le añadimos 40 g. de azúcar glas.
7- Decoramos las natillas con el merengue y espolvoreamos con canela al gusto.
¡¡¡Buenísimas!!!














