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Un postre tradicional de la cocina conventual que se suele preparar en toda España en el mes de noviembre, cuando se celebra la festividad de Todos los Santos y el día de Difuntos.
La cocina de los conventos crea platos deliciosos con ingredientes sencillos y asequibles.
Junto con los "huesos de Santo " y los buñuelos, es uno de los más tradicionales postres de sartén.
Como dice la famosa frase: " miel sobre hojuelas"...
Pues vamos a preparar las hojuelas y luego les pondremos miel.
INGREDIENTES:
Medio kg. de harina, 4 huevos, 150 g. ( más o menos ) de azúcar, 50 g. de manteca de cerdo, 1 copita de anís dulce, miel y aceite para freir las hojuelas.
ELABORACIÓN:
Ponemos la harina en un bol grande y hacemos un volcán.
Dentro de él se ponen los huevos, el anís, 4 cucharadas de azúcar y la manteca blandita.
Con estos ingredientes amasamos bien hasta conseguir una masa floja, que no se pegue a las manos. En caso contrario añadimos algo más de harina.
Dejamos reposar en frío la masa durante una media hora y, a continuación, la estiramos con un rodillo haciendo tiras que luego cortaremos con un cuchillo bien afilado, dando forma a las hojuelas.
Freimos en aceite bien caliente y cuando estén doraditas , las pasamos a una fuente con papel de cocina, para quitarles el exceso de aceite.
Las bañamos con azúcar y con un hilillo de nuestra miel favorita.
Son deliciosas cuando están todavía templadas, pero se conservan bien durante un par de días.
Espero que os guste tanto como a mí este postre tan tradicional.

















